Al final de una reunión electoral en el Valle de Aosta, el coordinador regional de Forza Italia, Massimo Lattanzi, le hace entrega al líder del partido, Silvio Berlusconi, de un cuadro de una artista y candidata local y de un caballo típico de cerámica. Pero el ex primer ministro le inquiere: “¿Puedo elegir? Yo la prefiero a ella”, dirigiéndose a la chica que está ofreciendo los regalos y que, desconcertada, abre los ojos. “Es mi hija”, responde Lattanzi, quien añade: “Tienes buen gusto.”