Una definición no científica de machismo sería aquella teoría política y actitud social que defiende la posición de debilidad de la mujer como fundamento de la supremacía del hombre. Creen que hombres y mujeres son distintos, con roles no intercambiables. En concreto, las funciones masculinas serán las más relevantes a nivel económico, social, etc. Y, por último, basado en dicho e importancia, pueden despreciar, golpear, vejar o incluso matar a la mujer.

Pero esta teoría requiere de una mujer que se sienta así, débil, sometida, obligada a cumplir y que no tenga acceso a poder. ¿Y cómo se obtiene una mujer vulnerable y sometida? Muy fácil, aislándola. La individualidad es el fundamento, una mujer que apenas tengo conocimientos, o sólo una serie de conocimiento útiles y que se relacione poco o con otras mujeres semejantes. Y, en cualquier caso, se prefieren las relaciones sociales a las que se acude en pareja.


¿Y cómo destruir todo ese machismo? No teniendo una “mejor amiga”, si no muchas. Así nace la sororidad (agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo). Si tenemos un grupo al que acudir tendremos diferentes perspectivas, opiniones y situaciones que compartir, pero sobre todo un refugio donde siempre cobijarnos.

Es por ello por lo que las mujeres debemos ser listas y no decir nunca que tenemos una “mejor” amiga. Al hacerlo estás colocándola en una posición jerárquica superior al resto de tus amigas, y eso acaba pesando al resto.

Cuando una mujer escucha a otra decir que tiene una mejor amiga se siente inferior o distinta. Pero, sobre todo, siente que existe una posición de mejor amiga que ella no podrá alcanzar. Como si ella estuviera incompleta por no tener a su par. Y querrá encontrarlo, querrá sentir lo que es una mejor amiga. Pero eso puede resultar muy costoso, pero ¿y su par es “su media naranja”? ¿Veis por dónde intento ir?

Nos convencen de que tenemos que tener ese par al que acudir, que nos rescate, y ¿qué mejor que además ese salvador sea tu pareja?

Cuando una mujer necesita ayuda quizás tenga pareja y esa pareja sea competente, pero quizás no, o quizás tenga un problema con la pareja. Es ahí dónde entran al rescate las amigas. Si la mujer siente que todas las demás mujeres tienen mejores relaciones que ella, acabará cerrándose y pensando que es distinta a las demás, que su individualidad es un perjuicio, una diferencia, una lacra. Nos enseñan a competir, a ser las más guapas, las más perfectas y nosotras acabamos reproduciendo esa idea de ser las “mejores”, incluyendo la categoría de “mejor” amiga. ¿Hay algo más absurdo que una mujer rivalizando contra mujer en un mundo que ya nos quiere débiles?

Las mujeres debemos evitar y eliminar todo tipo de etiquetas que encorseten nuestras relaciones de amistad y simplemente abogar por la sororidad. No hace falta pertenecer a un grupo para grandes fines, ni mucho menos políticos. El fundamento de la amistad no es otro que el crecer y disfrutar juntas. Vivir una colección de experiencias que nos nutran y nos hagan “valiosas” en la medida en que nosotras queramos y decidamos, especiales por el simple hecho de ser. Sin la pretensión de necesitar un hombre. Sin la pretensión de obtener, ni de ganar, ni de ser más. Hay una implantación de ideas capitalistas en las relaciones, de dar valor a la amistad. Elimina ese valor, esa jerarquía.

Cada amiga es especial y distinta, y en ello radica el poder. No nos etiquetemos. No añadamos más cargas a las que ya nos imponen. La etiqueta “mejor” amiga implica una serie de obligaciones que en algunos momentos no se podrán cumplir, pero ya se habrá generado una decepción en la otra parte de la pareja. Si por el contrario, existen varias opciones, siempre habrá alguien que ayude.

La amistad implica cuidarse, pero cuidarse unas a otras por elección y en la medida de lo posible. La amistad ya es un concepto de por sí lo suficientemente poderoso, no requiere reforzarlo. No requiere jerarquías, límites y compromisos. Las personas y los momentos van y vienen, pero si hemos conseguido esa sororidad, permaneceremos. Volveremos al grupo. Porque aporta algo que no se puede obtener con ninguna pareja.

Si desde niñas nos enseñaran a ser un grupo y no a tener una “amiguita”, de mayores tendríamos una manada. Te animo a que elimines etiquetas y valores y a que confíes en mujeres con las que quizás no has intimado tanto porque siempre estaba tu “mejor” amiga. Expande tus posibilidades y descubre tus potenciales. Practica la sororidad. Nuestro primer arma es el amor entre mujeres.