Se presentó en Madrid el informe La cara oculta de la violencia hacia el colectivo LGTBI, que analiza 629 incidencias ante situaciones de odio.

Uge Sangil, presidenta de la FELGTB, hacia hincapié, en la presentación del mismo, en lo que cuesta denunciar los incidentes de odio, en lo difícil que resulta acudir a una comisaría, ir al juzgado… en la impunidad de quienes agreden, en la situación de impotencia que viven, en ocasiones, las personas violentadas ante la falta de respuesta institucional o judicial. Porque las situaciones o incidencias LGTBIfóbicas se pertrechan tras el miedo para conseguir la impunidad: el miedo a salir del armario, a mostrarse, a nombrarse…

Y así, en ese clima de impunidad y miedo tienen lugar violencias que quedan invisibilizadas y calladas. Las trans, las bisexuales, las lesbianas, las racializadas, las migrantes que sufren agresiones LGTBifóbicas saben bien que no son ciudadanas de primera. Como explicaba Uge Sangil: “No basta con recoger datos o elaborar un informe o con poner una denuncia o con escribir un reportaje en prensa o con acudir a un psicólogo, necesitamos con urgencia un marco legal que nos protege, que se apruebe la esperada ley de igualdad en el Congreso, porque no es una banalidad, no es un capricho querer ser y amar”.

Ignacio Sola, director general de Igualdad de Trato y Diversidad, explicaba que los delitos de odio no son exclusividad de nuestro país y que se calcula que alrededor del 80% de delitos no se denuncian y, por tanto, quienes agreden quedan impunes: “Las violencias invisibles o sutiles impiden manifestar con tranquilidad la afectividad y el disfrute de derechos de las personas LGTBI en condiciones de igualdad”.

Jenifer Rebollo, gerente de la FELGTB, insistió en que el matrimonio homosexual consiguió romper los límites legales y ayudó muchísimo a la normalización, sin embargo la igualdad formal nunca viene acompañada de la igualdad real, ésta última cuesta mucho más conseguirla. De ahí el empeño por identificar tanto la magnitud como los diferentes tipos de violencias hacia las personas LGTBI (#ViolenciasInvisiblesLGTBI).

Jesús Generelo, responsable del Observatorio Redes contra el Odio, incidía en que tanto los datos como los testimonios recogidos en el informe son más que preocupantes, a pesar de que aún no existe un mapa completo y riguroso que cubra todo el territorio español, a pesar de que la duda continúa planeando: “¿Hay menos denuncias o no se denuncia? ¿La gente se protege en la invisibilidad?”. También destacó, en su intervención, que los matices son importantes y que no es lo mismo hablar de “incidentes” que de “delitos” de odio y exigió más valentía y más compromiso a los partidos políticos a la hora de legislar.

Violeta Assiego, responsable de investigación de la FELGTB, invitó a leer este informe con atención, huyendo de tonos persecutorios o de crispación, huyendo de los titulares sensacionalistas de los medios, porque la violencia no es sólo aquella directa y justificada en un Código Penal, sino también la invisible, la violencia de los prejuicios de la intolerancia, del desconocimiento, de la ignorancia y que acaba “obligando” a esconderse a las personas LGTBI. Y resaltó un dato: Aún hoy hay muchas personas que no son visibles en su entorno laboral y si esto es así, ¿cómo van a ir a una comisaría a denunciar una agresión?. Además aboga porque los informes se elaboren, con más medios y con la mayor rigurosidad posible, desde las instituciones (y no dejar recaer esta responsabilidad en las organizaciones sociales) para garantizar: verdad, justicia y reparación a las víctimas.

Esta son, a grandes rasgos, algunas de las conclusiones del informe, tras el análisis de 332 casos -del total de 629 incidencias- que permitían comparar y arrojar algo de luz: las personas mayores de 50 años no suelen denunciar; la violencia afecta a las familias y entornos de las personas violentadas; gais y hombres heteros son quienes más denuncian (probablemente por el mayor reconocimiento social de los hombres); las incidencias se dan más en las grandes ciudades (hay más medios, más posibilidades, más tolerancia y también más denuncias); y, por último, las violencias suelen producirse en el entorno cotidiano (en el barrio, en el hogar, en el lugar de trabajo…).

Violeta Assiego insistió igualmente en la necesidad de diferenciar los hechos y los tipos de violencia y también entre sanciones penales y sanciones administrativas. A lo largo de su intervención recordó asimismo los problemas a los que se enfrentan las personas LGTBI en la frontera sur y en destacar la labor titánica de organizaciones como AMLEGA (en Melilla) para dar soporte y apoyo a las personas LGTBI, en ocasiones personas de origen marroquí o bien refugiadas o en busca de asilo.

Maribel Torregrosa, coach y promotora de igualdad, cerró la mesa de presentación del informe: “Ser un dato es para bien y para mal. Soy un dato y significa que me han agredido, pero también sirve para elaborar informes necesarios (como éste) y para dar a conocer una realidad. Salí del armario hace 10 años y la visibilidad para ‘ser’ significa también visibilidad para ‘poder’ recibir una agresión”. A Maribel Torregrosa la agredieron en el espacio público, en su barrio y el sentimiento de culpa de no haberlo evitado ha convivido con ella durante un largo tiempo, también el miedo. En la comisaría no la trataron mal, pero hubo de insistir en que figurase la palabra ‘odio’ y ‘agresión LGTBI’, tal y como ella misma explica: “La violencia física duele, pero también causan heridas profundas algunas miradas y algunas palabras”.